Interesante opinion publicada en la pagina R De Rudo
Muchas veces por ignorancia o envidia, los detractores de la lucha libre
gustan por atacarla con frases del tipo “es mentira, ni se pegan”, “la
sangre es falsa”, y para los luchadores enmascarados “¿pues que
esconden?” “De seguro le tiene miedo a algo”.
Nada más alejado de la realidad, la máscara en un luchador no es evasión, es la completa extensión del ser.
Pocas son las personas que se atreven a ser sinceras con lo que
realmente sienten, piensan y hacen, “definirse es limitarse”. La máscara
le permite al portador de la misma, ser “eso” que siempre ha querido
ser y descubrir lo que en verdad es.
Existe una regla fundamental y no escrita para el mundo de la lucha
libre. Al entrar a una arena todo lo que veas, oigas y sientas es
completamente real, existe y es tangible. La psicóloga Guadalpue
Hernández opina “Lo que hay detrás de cada máscara, es lo que el
luchador trata de esconder, pero, en realidad, ¿lo esconde? Yo creo que
no. Porque lo que cada luchador representa en el ring, es su verdadera
esencia, y al tener la máscara puesta, sienten la confianza de ser los
héroes que realmente son”
“Sin olvidar que viven de los aplausos de los aficionados, y estos, son
para el personaje que se sube al ring, para el bueno o para el malo,
para el rudo ó para el técnico. Ahora hablemos de los días de lucha
libre, siempre, y sin lugar a dudas son días de fiesta, en cualquier
arena donde se realiza un evento de esta índole. Ya que la lucha libre,
con todo lo que conlleva es un verdadero fenómeno, y esto lo hace un
caos, un espectáculo barroco plenamente organizado, que al verlo nos
deslumbra con su abigarrado contenido de significados”
Darío Ibarra fue como muchos, un sujeto al que de niño la lucha libre lo
atrapó para nunca más soltarlo. En una ocasión saliendo de una arena,
compró una máscara, se la colocó e inmediatamente una señora con un niño
en brazos se le acercó solicitándole una foto para su pequeño. Darío
expresó que él no era luchador, sin embargo eso no le importó al niño
que en él vio a un héroe de las películas.
Ibarra tuvo su primer encuentro con el poder de una capucha que lo
convirtió en “algo que yo no era realmente” ¿o sí?, “Ahora que lucho
profesionalmente mi máscara es uno de mis bienes más preciados.
Cualquiera que me ve en la calle y me saluda no se imagina que al
ponérmela me transformo en otro. La máscara me transforma. Dejo de ser
yo, para convertirme en un gladiador. Con la máscara puesta pierdo mi
identidad, en ese momento sólo soy un luchador que busca vencer al
oponente”
“En una ocasión la esposa de uno de mis alumnos injurió al personaje que
encarno cuando me pongo la máscara. Al terminar la lucha se me acercó y
me dijo: <>.
La máscara nos transforma. Es una suerte de esquizofrenia deliberada.
Es como si voluntariamente decidiéramos tener personalidad múltiple. Al
usar la máscara dejamos atrás a nuestro yo. Nuestro alter ego toma el
control y, a partir de ese momento, dejamos de ser responsables de
nuestros actos. Ese es uno de los misticismos de la máscara”
El
primer luchador que cubrió su rostro fue “El Enmascarado”, un
estadunidense que en 1934 se presentó en la viaja Arena México para
enfrentar a David Barragan. Pero en 1933 había aparecido Jim Atts quien
utilizaba un antifaz. “The Marvel Mask” (La Maravilla Enmascarada) Mckay
irrumpió en las arenas mexicanas para Noviembre de 1933.
Jesús
“Murciélago” Velázquez fue el primer mexicano en usar una máscara, misma
que perdería ante Octavio Gaona. Yanet Sánchez escribe que “El
antropólogo e investigador universitario, Juan Luis Ramírez Torres,
cuenta que por los años 60’s y 70’s, los que se enmascaraban eran
principalmente luchadores que emigraban de provincia a la ciudad de
México. Para ellos, el hecho de no mostrar su rostro era una manera de
defenderse de la discriminación por su origen indígena, su tono de piel y
sus rasgos”
“Regularmente, usaban una máscara que denotaba
fuerza y esto les permitía “reivindicar” su imagen y personalidad,”, lo
cual resulta en un tema digno de investigación particular. En entrevista
con la también psicóloga Cinthia González, los datos recolectados son
por demás interesantes. “Las máscaras son objetos utilizados desde la
antigüedad. Son un arquetipo, forman parte del inconsciente colectivo.
Ya que en muchas culturas antiguas las máscaras representaban seres
sobrenaturales, ancestros, retratos, figuras reales o imaginarias. La
razón de ser de una máscara, es que será habitada por los espíritus”
“El
cambio de identidad en el usuario de esa máscara, es vital, porque si
el espíritu representado no reside en la imagen de la máscara, el ritual
en el que se use, será poco eficaz, y las plegarias, ofrendas y
peticiones, no tendrán significado ni sentido. Las máscaras pueden
funcionar para contactar poderes espirituales de protección contra las
fuerzas desconocidas del universo. De la misma forma en la que los
ancestros utilizaban las máscaras el luchador usa su máscara y su
atuendo ya que en su inconsciente colectivo sabe que contactará con
poderes sobrenaturales dentro de su ritual conformado por la música sus
propios movimientos, palabras y la personificación del personaje”.
El
luchador es el superhéroe mexicano, la música Surf, tiene a su propio
paladín, y se llama: Sr Bikini, pero ¿De dónde viene?, realmente ¿quién
es?, a través de la incógnita, Big Máscara (miembro de Sr Bikini) sonríe
y relata. “Nosotros buscábamos una identidad para la banda, mucha gente
piensa que se toca Surf y uno se pone máscaras porque en las películas
del Santo se tocaba Surf, y eso es una mentira eso nunca ha pasado, la
mayoría de los grupos de Surf basaban sus uniformes,”
“No sé por
qué, decían que se disfrazaban para suplir su carencia de letras,
realmente no hay una fuente fidedigna de esto, tal vez sólo sea un
debraye, no me consta, la mayoría de los grupos traía uniformes muy
vistosos y en los 80 cuando hubo un revival, pues se vestían como en las
películas de serie B ,ya en los 90 nosotros buscamos algo diferente,
pensamos en el cine de luchadores, con más de 150 películas en nuestro
país, nos dimos cuenta que la máscara del luchador emulaba no sólo una
época sino una edición cultural y aparte la máscara del luchador era
reconocida en todo el mundo”.
“Hay muchos récords que leí en un
librillo, que según se han vendido más figuritas de plástico del Santo,
que todo lo de Star Wars, en Francia en las escuelas de cine le dedican
buen tiempo a estudiar las del Santo, que en el Líbano hay un cine con
una estatua de bronce del Santo, te das cuenta que culturalmente la
máscara del luchador ha trascendido la frontera mexicana, pensamos que
la máscara del luchador define a un pueblo que aún no define su propio
rostro”.
¿En verdad México es un pueblo que aún no define su
propio rostro?, ¿Es necesaria esa definición?, ¿No serviría solamente
cómo un estereotipo restrictivo en todos sentidos?, la multiculturalidad
de nuestra nación apoya el “definirse es limitarse”, y entre rudos,
técnicos, extremos y clásicos, hay que dejar que, apoyado en su pasado,
la magia de las máscaras conquiste el presente.
Por: Krudemmon
@krudemmon